Día a día retamos a nuestro cuerpo a realizar actividades complejas que consideramos sencillas al no percatarnos de la cantidad de componentes de la ejecución que involucran, un ejemplo de ello es comer sopa con una cuchara, que es una actividad que requiere de mucha coordinación y estabilidad en el movimiento de la mano, aunado a un fuerte componente visual y propioceptivo.

 

Propiocetivo: La propiocepción, sentido que informa al organismo de la posición de los músculos, es la capacidad de sentir la posición relativa de partes corporales contiguas. La propiocepción regula la dirección y rango de movimiento, permite reacciones y respuestas automáticas, interviene en el desarrollo del esquema corporal y en la relación de éste con el espacio, sustentando la acción motora planificada.

 

Al nacer, todas nuestras habilidades se encuentran “inmaduras”, nuestro cerebro necesita desarrollarse e irse adaptando a un ambiente multi-sensorial fuera del vientre materno. La maduración de la relación ojo-mano se ha reforzado a lo largo de años de uso y práctica de las experiencias motoras y sensoriales a las que hemos sido expuestos a lo largo de nuestro desarrollo. Para lograr la atención y el reconocimiento de colores, formas y objetos, nos encontramos hoy en día materiales didácticos coloridos, de diferentes texturas, tamaños y pesos, ellos, junto con acciones motrices como el gateo, contribuyen de manera significativa a la maduración de habilidades viso-espaciales. El gateo es un factor muy importante para la consolidación de la relación ojo-mano, ya que gracias a su componente cinético, vestibular y propioceptivo hace que los pequeños comprendan su entorno y “midan” su cuerpo gracias a la retroalimentación del movimiento a través de objetos.

 

Vidability

 

Es muy importante la apreciación de la relación del niño con los objetos y el espacio, ya que estas experiencias perceptivas también quedan involucradas con la función motora. A medida que el niño aprende a moverse a través del espacio, también está aprendiendo a apreciar cuán lejos está el objeto, cómo entrar en las cosas y salir de ellas, cómo llegar a la parte superior, debajo, alrededor, detrás y cómo aprender muchas otras relaciones con los objetos y el espacio. Así el niño descubre sobre las partes del cuerpo, sus relaciones mutuas y también las relaciones de su cuerpo con los objetos y el espacio durante el desarrollo de la motricidad gruesa y fina.

La integración sensorial juega un papel muy importante dentro del desarrollo de visualización del espacio y percepción figura-fondo. Aunado a la cuestión visual, se tienen estímulos táctiles, auditivos, olfativos, vestibulares, que en base a la intensidad, pueden crear ambientes relajantes que tienen énfasis en la concentración visual o ambientes activos que inducen a los usuarios a interactuar con los elementos en ella. Actualmente se utiliza en personas de todas las edades y se han desarrollado diseños para protocolos con adultos con demencia y presos en cárceles.

 

Si quieres saber más visita DESARROLLO Y MANEJO DE HABILIDADES VISO-ESPACIALES

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