La Enfermedad de Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa en la que se afectan las células que producen dopamina, un neurotransmisor que, entre otras cosas, interviene en el control de los movimientos. Se caracteriza por temblores, lentitud y dificultad para iniciar o detener los movimientos, así como rigidez de los músculos. También suele relacionarse con fatiga, dificultades para hablar y para mantener el equilibrio; estreñimiento, trastornos urinarios, sudoración, depresión, trastornos del sueño y cambios en la postura (un poco inclinada y encorvada).

Suele afectar a hombres y mujeres de alrededor de 60 años, pero puede presentarse desde la cuarta década de vida. La Enfermedad afecta la imagen que la persona tiene de sí misma y al mismo tiempo, limita y altera sus actividades cotidianas, incluida la actividad sexual.

Los textos afirman que la sexualidad, la afectividad y la vida de pareja no son temas que las y los pacientes toquen con frecuencia con su médico al hablar del tratamiento y de la Enfermedad de Parkinson. Sin embargo, sí es un área que se ve afectada y que contribuye a incrementar la depresión y sensación de inadecuación de la persona.

 

¿Qué pasa con la sexualidad cuando se tiene Enfermedad de Parkinson?

Por un lado, la depresión es un factor que tiende a disminuir el deseo sexual, y los antidepresivos utilizados para controlarla también suelen tener efectos en el deseo y la respuesta sexual. Además, los síntomas y el hecho de tener una enfermedad degenerativa tienen un impacto en la imagen personal y la autoestima, que incrementan el estado de depresión y que hacen que la persona se sienta poco atractiva para su pareja y tenga miedo de ser torpe o incluso de tener dolor o dificultades al tener actividad sexual.

 

Algunas personas afirman que sienten que su apariencia es poco estética debido a la expresión facial disminuida o la constante sudoración al igual que debido a sus movimientos se les dificulta arreglarse, peinarse o maquillarse como ellas desearían. O que el necesitar ayuda constante y cuidados por parte de su pareja, se viven como menos deseables para la actividad sexual.

 

Sin embargo, vivir estos sentimientos en silencio y soledad fomenta un círculo vicioso en el que la autoestima se deteriora y la depresión crece, lo que no ayuda a la calidad de vida de la persona misma ni la de su pareja y las personas que la rodean.

Poder hablar de lo que está sucediendo, sobre cómo se siente la persona respecto a la enfermedad, a su apariencia y a su relación de pareja, así como hablar de los miedos y sentimientos es un factor crucial. Expresar qué se está viviendo y escuchar lo que piensa y siente la pareja al respecto ayuda a encontrar alternativas y fortalecer el vínculo así como la sensación de afecto e intimidad; un punto quizá mucho más importante que la actividad sexual con penetración.

 

Cambios en la respuesta sexual

El deseo cambia -a veces se incrementa y a veces decrece- y la autoestima se ve afectada; pero también existen una serie de aspectos relacionados con la respuesta y la actividad sexual que se modifican. Conocerlos y entenderlos hace más fácil hablar abiertamente de ellos y así encontrar soluciones que hagan de la sexualidad algo satisfactorio y no una fuente de ansiedades, miedos y frustración.

Por ejemplo, en el caso de los hombres, es frecuente que existan dificultades para lograr o mantener una erección debido a la afectación de los músculos y de la circulación sanguínea; además de que los propios medicamentos utilizados para controlar los síntomas pueden tener efectos en la respuesta sexual. Sin embargo, en muchos casos los medicamentos para la disfunción eréctil pueden ser de mucha ayuda.

En el caso de las mujeres, puede haber tensión en los músculos de la vagina y falta de lubricación (a veces relacionada con el proceso del climaterio) que pueden hacer la penetración molesta y dificultar la excitación. Los lubricantes locales a base de agua pueden ayudar en estos casos.

 

Creatividad y comunicación, ingredientes importantes

También es útil mantener en mente que es probable que ciertas posiciones sean incómodas o dolorosas para la persona con la enfermedad, pero que existen otras alternativas que contribuyen a que el encuentro sea placentero. Esto puede ser desde evitar el roce de la persona con las sábanas y el uso de aceites corporales que hagan el tacto más suave, hasta buscar posturas que faciliten la movilidad de la persona. Además, debido a la fatiga que suele experimentarse, puede ser conveniente buscar horas del día en las que la persona se sienta con más energía.

En todo caso, es importante recordar que las caricias, los besos, las miradas, los abrazos y otras expresiones de afecto son importantes y efectivos. Hablar sobre las expectativas, deseos, sentimientos y temores podrá también motivar el surgimiento de nuevas ideas atractivas para la pareja y que ambos puedan mantener su vida íntima activa y sana.

 

Sobre El Autor

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