Una vez más me encuentro en Francia, en el año de 1890, pero esta vez estoy en un poblado no muy lejos de París: Auvers-sur-Oise, locación famosa por albergar a uno de los más importantes artistas de todos los tiempos, Vincent van Gogh.

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Así, me encuentro caminando en la oscuridad de la noche, iluminada por cientos de estrellas que me recuerdan a los cielos pintados por el emblemático artista. A pesar de ello me encuentro un poco preocupado pues he escuchado que Vincent últimamente no se encuentra muy bien: en los últimos dos años su vida ha estado marcada por periodos de inestabilidad que lo han llevado a automutilarse, manifestando problemas psiquiátricos que lo llevaron a internarse de manera voluntaria en un sanatorio, para después trasladarse a este pequeño pueblo.

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Caminando entre la hierba me tropiezo con el artista quien, sentado en el suelo, observa maravillado el cielo infinito. Su pelo rojo y su mirada clara son exactamente a como él mismo las ha autorretratado en innumerables pinturas. Tengo miedo de interrumpir el silencio, pero me atrevo y doy inicio con la entrevista:

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-Vincent, ¿podría contarme un poco sobre su vida?

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Seguro. Nací en 1853 en una ciudad en Holanda, donde crecí y obtuve mi primer trabajo en una importante compañía de comercio de arte. Años después me trasladaron a Londres y luego a París. Debo admitir que siempre amé el arte, pero fue justamente en París cuando me percaté del inmenso amor que tenía hacia la pintura, cuando conocí el talento de grandes artistas como Jean-François Millet.

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Fui despedido por anteponer mis gustos artísticos personales con el trabajo, así es que busqué dedicarme a la teología en Ámsterdam y también fui misionero en Bélgica. Ahí fue que con ayuda de mi hermano Theo, me inscribí a la Academia de Bellas Artes para estudiar dibujo y perspectiva.

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Poco a poco, empecé a hacer dibujos y estudios. Mi familia me brindó una habitación en Nuenen para utilizarla como taller. Fue ahí, en 1885 cuando pinté hasta ese momento mi mayor reto: Los comedores de patatas.

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Después me mudé a Amberes y un año después a París. Ahí, mi hermano, quien siempre me ha apoyado, me introdujo a la corriente artística impresionista, la cual marcaría mi trabajo a partir de entonces, rodeándome de la comunidad artística más importante del momento.

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Debo decir que siempre he sido un hombre muy sentimental y temperamental. Puse mi corazón y mi alma en mi trabajo y he perdido mi mente en el proceso.

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Te digo esto porque si no, no podrías entender lo que te voy a contar a continuación: Justo hace un año más o menos me mudé a Arles, en el sur de Francia, donde quise abrir un taller para artistas, pero el único asistente fue el artista Paul Gauguin, con quien después de semanas de convivencia terminó exasperándome ¿entiendes?

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Una noche no pude evitarlo, no sé qué sucedió, pero después de un altercado que tuve con él, me corté parte de mi oreja… Pero posteriormente me dije “A pesar de todo me levantaré de nuevo. Voy a tomar mi lápiz, que he dejado en mi gran desánimo, y voy a seguir con mi dibujo.”

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-¿Y qué pasó después de eso, Vincent?

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Al poco tiempo, después de que mi hermano Theo se casara, creí que lo mejor para mí era internarme en un sanatorio en el hospital mental de Saint-Paul-de-Mausole, antes un monasterio.

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Si te soy muy honesto en ese lugar tuve muy malas rachas anímicamente, pero creo que para mi trabajo esa época fue una bendición. Justo pinté uno de mis cuadros favoritos: La noche estrellada.

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Aunque mi vida siempre ha estado marcada por tragedias e inestabilidad, ¿qué sería la vida si no tuviéramos el valor de intentar algo? La pintura para mí ha sido mi vida, mi pasión, mi habla… Pero a decir verdad, todavía estoy muy lejos de ser lo que quiero ser, y con la ayuda de Dios voy a tener éxito.

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Justo por eso decidí mudarme a aquí. Hace unos meses fui parte de un par de exhibiciones y eso puede ser un gran inicio para mi carrera. Esos momentos hacen que vea la luz, ya que en ciertas ocasiones me dan ataques de angustia, depresión, terror y hasta alucinaciones.

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Pero aquí en Auvers-sur-Oise, estoy absorbido por estas llanuras inmensas de campos de trigo sobre un fondo de colinas vastos como el mar, de un amarillo muy tierno, un verde muy pálido, de un malva muy dulce. Me siento muy tranquilo, casi demasiado calmado, me siento capaz de pintar todo esto.

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De repente, Vincent decide ignorarme y continúa viendo el hermoso paisaje nocturno del que estamos siendo testigos. Lamentablemente la depresión de Vincent lo llevaría a cometer suicidio en 1890, siendo sus últimas palabras “Yo arriesgué mi vida por mi obra, y mi razón destruida a medias”.

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A pesar de su enfermedad, Vincent van Gogh produjo más de 900 pinturas y 1,600 dibujos durante un periodo de 10 años y aunque sólo vendió tres pinturas en vida, su legado va mucho más allá, consagrándose como un ícono en la historia del arte.

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