La sífilis es un infección de transmisión sexual (ETS) cuya responsable es la bacteria Treponema pallidum; se transmite por el contacto directo entre dos personas o bien en línea vertical de madre a hijo durante el embarazo. Sólo se presenta en humanos.

Se cree que la sífilis llegó a Europa procedente de América cuando Cristóbal Colón regresó por primera vez a España en 1493, sin embargo, se han encontrado evidencias de que ya existía en el Viejo Continente mucho antes del descubrimiento de América. La enfermedad alcanzó una frecuencia alarmante a finales del siglo XV por las constantes guerras por las que atravesaba Europa en ese entonces y en las cuales precisamente España se encontraba involucrada, así como Francia; debido a que se creyó que los responsables de la epidemia eran los franceses, a la sífilis, en un inicio, se le llamó “la enfermedad francesa” –Morbus gallicus-. Finalmente, tomó el nombre de Sífilis gracias a un poema del poeta italiano Girolamo Fracastoro en 1530, poema en el que Shyphilus, un joven pastor de la época del Rey Acithous de Haití, pierde a sus ovejas a causa de una sequía. Él culpa al dios del sol y se revela rindiendo homenaje a Acithous por lo que el dios del sol toma venganza mediante el envío de una plaga, de una enfermedad terrible a Haití, y Shyphilus fue la primera víctima.

Fue el venereólogo francés Philippe Ricord quien describió por primera vez (en 1838) las diferencias entre la sífilis y la gonorrea así como las 3 fases que se presentan durante la infección (Fase primaria, secundaria y terciaria). En 1905, el zoólogo alemán Fritz Schaudinn junto con el dermatólogo Erich Hoffmann identificaron al Treponema pallidum, agente causal de la sífilis. Sin embargo, el tratamiento más efectivo contra esta bacteria no llegó sino hasta 1943 con el descubrimiento de la penicilina; antes de este periodo la infección fue tratada inicialmente con Mercurio y posteriormente a inicios del siglo XX con arsfenamina.

A lo largo de la historia de la humanidad, muchos artistas fueron víctimas de la sífilis, y dado que no existían tratamientos efectivos en la época de aquellos a quienes nos referiremos en el presente artículo, experimentaron, incluso, las últimas etapas de la enfermedad, que suelen traer consecuencias que ponen en riesgo muchas funciones fisiológicas en quienes las presentan.

 

Wolfgang Amadeus Mozart (1756–1791)

Del genial músico ya hemos escrito en Revista Accesos, en especial de la asociación entre él y el síndrome de Gilles de la Tourette. Su muerte siempre ha sido motivo de controversia; es bien conocida la imagen de Mozart a sus 35 años, en pose letárgica recibiendo constantemente en su casa a un misterioso hombre con un sombrero negro, quien le encargó al músico escribir su última composición: el Réquiem. Dentro de los muchos diagnósticos a los que se ha atribuido el mal estado de salud en el que se encontraba Mozart se ha sumado el de sífilis, mismo que no causó su muerte, sino que el culpable fue el Mercurio que se autoadministraba y que es sumamente tóxico a grandes dosis.

 

Ludwig van Beethoven (1770–1827)

El compositor y músico alemán Ludwig van Beethoven empezó a perder la audición en 1796 cuando apenas tenía 26 años, a esto el músico describió, además, trastornos abdominales frecuentes principalmente consistentes en dolor y diarrea. En 1815 dejó de hacer presentaciones públicas por lo avanzado de la hipoacusia que presentaba y en 1818 su comunicación era completamente escrita ya que no le era posible mantener conversaciones verbales. La causa de la sordera de Beethoven aún no ha sido esclarecida, pero en lo que están de acuerdo los expertos es en que se trataba de un problema neurológico que afectó los nervios encargados de la audición (sordera y/o hipoacusia neurosensorial) ya que en estudios post-mortem se encontró atrofia importante de los nervios auditivos así como evidencia de un proceso inflamatorio a nivel coclear lo cual podría explicarse por sífilis en etapas avanzadas, en la que se afecta el sistema nervioso (neurosífilis). Aunque es únicamente una teoría, muchos expertos aseguran que la causa de la sordera de Beethoven se debe a otros padecimientos como el lupus eritematoso sistémico, sarcoidosis, escarlatina, sarampión y enfermedad de Crohn.

 

Niccolò Paganini (1782–1840)

Nació en Genoa, Italia, fue un músico predominantemente autodidacta y ampliamente reconocido por su magistral modo de tocar el violín así como por sus innovaciones en la composición para este instrumento. Su primer concierto lo ofreció a los 9 años de edad y desde 1810 realizó múltiples giras a lo largo de Europa, generando entre quienes lo veían la leyenda de que poseía un secreto oculto. Debido a su configuración corporal (era alto, delgado y con gran movilidad de sus articulaciones) ha hecho pensar a la comunidad médica que presentaba el Síndrome de Marfan, una enfermedad genética que afecta el tejido conjuntivo. Además de su famosa reputación como genio del violín, también la tenía de libertino y se cree que adquirió la sífilis en una de sus numerosas relaciones. Se sabe que presentó ulceraciones en la faringe y que posteriormente sus piernas se vieron afectadas neurológicamente por lo que inició su tratamiento con mercurio, que como ya hemos mencionado era el tratamiento usual en ese entonces y que por su toxicidad, Niccolò perdió los dientes y se inflamó su boca (estomatitis). Posteriormente, en 1820 enfermó de tuberculosis y falleció en 1840. Como dato curioso cabe mencionar que no fue sino hasta el año de 1876 en el que se le permitió la sagrada sepultura en su tierra natal -por haber sido considerado un hereje-, por lo su hijo, Aquiles, estuvo trasladando el cadáver de su padre por 36 años.

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