Se dice que un buen escritor es también un gran vouyerista, ya que al crear historias nos deja asomarnos a las vidas privadas de los personajes creados, algo similar podríamos decir de un buen director de cine, con la capacidad de orquestar una realidad en la pantalla a la cual somos invitados como meros espectadores.

 

Y así, como espectadores, es como nos introducimos en la vida de una familia Belga que prepara una comida especial en una tarde de verano cálida y húmeda, ocasión convocada por la hija quien tiene que comunicar una gran noticia a sus seres queridos. Los preparativos se llevan a cabo, el padre prepara el asador y corta madera, un niño quien es el sobrino pequeño de la familia, juega en el bosque cercano, mientras la madre, la esposa de uno de los hijos y la hermana, quien acaba de llegar, arreglan cosas en la cocina, el hermano menor llegará unas horas más tarde debido al trabajo, todo normal, hasta que recuerdan que Cedric los acompañará en esta ocasión a la mesa.

 

Algo no anda bien con Cedric, y no es que nos demos cuenta en primera instancia que él, un hombre de unos treinta años, claramente tímido y ensimismado, tenga realmente algo malo, nos damos cuenta que algo está mal por ciertas miradas de la cuñada, un gesto de la madre, una palabra con doble intención de la hermana, la caricia de consuelo del padre.

 

Nunca nos queda claro si Cedric presenta algún tipo de autismo, esquizofrenia o incluso agorafobia, por que la verdad de las cosas, él no parecería más que un adulto demasiado tímido, pero la familia se encarga de recalcar lo enfermo que está Cedric, conforme la reunión avanza, podemos ver la desconfianza, la tensión y la molestia de la familia ante la sola presencia de este hombre roto en la mesa, con pequeños comentarios y gestos vemos lo que ha sido la interacción familiar en este hogar por años, donde la nota discordante es Cedric, el culpable de todo mal (algo muy raro considerando que a duras penas se anima a hablar y cruzar dos o tres frases con su familia, ¿cómo puede ser un villano tan tremendo si apenas tiene el ánimo de hablar?).

 

Ah, pero no olvidemos que esta reunión es especial, la hermana tiene una gran noticia, la bendición de un nuevo sobrino en la familia, con lo que ella cumple uno de sus más anhelados sueños, el regocijo inunda la mesa y las copas de vino se alzan para celebrar por todo lo alto el éxito de los queridos hijos, ambos casados, con buenos trabajos, exitosos profesionistas valiosos para la comunidad… pero resulta que olvidan algo, ¿qué será?, ¡ah sí! hay alguien ahí que no tiene amigos, que nunca fue a la escuela, mucho menos accederá a algún trabajo dentro de poco, y que con toda el alma hubiera querido que esa noticia que acaba de dar su hermana la hubiera podido dar él, con una mujer a su lado.

 

Cédric va a hablar, y esta vez tiene mucho, pero mucho que decir.

 

“ …Imagina que durante años te quitaran, todos los días, tu vaso de agua, ¿eso te molesta eh?, claro, es tu vaso de agua, pero todos los días te lo quitan y cuando te molestas y te enojas te dicen que estás importunando a todos, que no sabes comportarte y que estás loco, todos los días te molestas por que todos los días te quitan tu vaso de agua. Todos los días te dicen loco…¿no terminarías creyendo que realmente lo estás?.”

 

Diálogo entre Cedric y su sobrino pequeño frente al resto de su familia.

 

 

Entérate más:

El perjuicio es una película dirigida por Antoine Cuypers (Bélgica, 2015), y la recomiendo particularmente para psicólogos y profesionistas que traten temas sobre discapacidad en el ambiente familiar, es una muestra muy clara de todo lo que no debe de hacer una familia al interactuar con una persona con discapacidad.

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